El Fin no llegará tan pronto…

«Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron» «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va suceder?».
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin» (Lc 21,5-9).
En este pasaje Jesús no refiere el final del Templo, como habían hecho otros profetas y él mismo en otra ocasión, al no reconocimiento del verdadero mensaje de paz. La referencia parece evocar, para los que quedaron deslumbrado por la magnífica construcción, que toda obra humana es perecedera. Así lo reconocería el historiador judío Flavio Josefo, que contempló la destrucción del Templo de Jerusalén:

«Aunque se deplore profunda y justicieramente la pérdida del edificio, la obra más admirable que se haya visto o se haya oído elogiar…, podrá ser un consuelo la idea de que el destino es igualmente inexorable con los seres animales, las obras de arte y los lugares consagrados» (Guerra Judía VI,4,8)

Por otra parte, en la época en que Lucas escribió, ya habían sucedido algunos desastres famosos, muy semejantes a los descritos por el Evangelio:

TERREMOTOS:
• [77 EC] Corinto fue destruida (Malalas 261) y varias ciudades de Chipre dañadas (Orosio 7,9,11).
• [79 EC] Pompeya y Herculano sepultadas por la erupción del Vesubio (Plinio el Joven, Epist. 6,16)

HAMBRE:
• [70 EC] Casos de canibalismo durante el sitio de Jerusalén (Josefo, Guerra VI,193-313).
• [79-81 EC] Una «peste de una magnitud nunca antes conocida» en tiempos de Tito (Suetonio, Tito 8).

PRODIGIOS EN EL CIELO:
• « Aparte de las numerosas vicisitudes en el mundo humano, había prodigios en el cielo y en la tierra, avisos mediante rayos, presagios de futuro de signo alegre o triste, dudoso o evidente» (Tácito, Historias I,3,2).

Todo eso sigue ocurriendo hoy. No es ninguna novedad, como pretende la predicación de algunos grupos apocalípticos.
Lo decisivo no serán los episodios de destrucción, sino la aparición de signos de «nueva creación». Tal fue la esperanza de los primeros creyentes. Y tal debe ser la motivación para vivir nosotros nuestro presente:

«Esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia. Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancha y sin tacha» (2 Pe 3,13-14).