Primer Domingo de Adviento: Estén prevenidos

Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.

No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: “¡Estén prevenidos!”» (Mc 13,33-37).

Todo el capítulo 13 de Marcos forma una unidad literaria que se ha llamado el APOCALIPSIS Sinóptico. Como ocurre con los demás textos de este género, se preocupa por el FINAL de la historia, pero contemplada desde la certeza de la justicia de Dios. Ésta pondrá fin al poder tiránico de los reinos mundanos, y establecerá definitivamente el Reinado de Dios, transformando el presente de sufrimiento de los justos.

Por eso la pregunta por la fecha del retorno de Jesús y por las señales de su llegada (Mc 13,4) se comprende a partir de esa esperanza fundamental de los primeros creyentes, que anhelan la redención.

Jesús advierte que, como sucede en todo nacimiento, el surgimiento de toda nueva vida es precedido por un intenso sufrimiento que marca apenas «el comienzo de los dolores del parto» (Mc 13,8).

El comienzo de los dolores del parto

Entonces Jesús comenzó a decirles: «Tengan cuidado de que no los engañen, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y engañarán a mucha gente. No se alarmen cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras: es necesario que esto ocurra, pero todavía no será el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes, habrá terremotos y hambre. Este será el comienzo de los dolores del parto» (Mc 13,5-8).

La ansiedad no debe llevar a estar pendientes de FALSAS ALARMAS. Conflictos bélicos y catástrofes naturales han ocurrido desde el comienzo de la humanidad, y siempre han sido evocados por predicadores fanáticos. Jesús advierte que no son señales decisivas. En cambio llama la atención sobre sufrimientos que afectan particularmente a los creyentes:

PERSECUCIÓN y JUICIO (Mc 13,9);
ENFRENTAMIENTOS FAMILIARES (13,12-13).
PROFANACION de lo SAGRADO (13,14).
Aparición de FALSOS MESÍAS (13,22).
Es posible que la advertencia sobre los falsos mesías se formulara bajo la impresión de la «campaña propagandística» en favor del nuevo emperador triunfante, hacedor de la paz con el sometimiento de los judíos y legitimado con profecías y milagros. En efecto, los historiadores de la época refieren la atribución a Vespasiano del cumplimiento de los antiguos vaticinios proféticos:

«Entre Judea y Siria esta el Carmelo, así se llama el monte y su divinidad protectora. Esta no posee, según la tradición de los antepasados, ni imagen ni templo, sino un altar donde la gente da culto a la divinidad. Cuando Vespasiano ofreció ahí sacrificios y expresó los deseos íntimos de su corazón, el sacerdote Basílides le dijo después de observar atentamente las entrañas de las víctimas: ‘Todo lo que anhelas, Vespasiano, sea construir un palacio, extender tus dominios o aumentar tu servidumbre, te será otorgado: una gran mansión, un territorio dilatado, multitud de servidores’. Pronto corrió la voz sobre estas palabras un tanto enigmáticas, y pronto fueron interpretadas, y el vaticinio estaba en boca de todo el pueblo» (Tácito, Historias 1,78,3s).

«Uno de los ilustres prisioneros de guerra distinguidos, Flavio Josefo, reiteró mientras lo maniataban que en breve iba a ser liberado por el propio Vespasiano, que para entonces sería ya emperador» (Suetonio, Vida de Vespasiano 5).

«Tú crees, Vespasiano, tener en Josefo a un simple prisionero de guerra, pero yo vengo a ti como vocero de grandes acontecimientos. Tú, Vespasiano, serás emperador y soberano universal, lo mismo que este hijo tuyo. Encadéname ahora más fuerte y resérvame para ti, porque tú, César, además de señor mío, lo serás de la tierra y el mar y de todo el género humano » (Flavio Josefo Guerra III, 400-402)

Los pseudomesías no serían, entonces, los líderes judíos en rebeldía contra los romanos (ni la descalificación iría contra las expectativas despertadas en torno a ellos). Al contrario, el texto criticaría la usurpación de las esperanzas religiosas por parte de los soberanos romanos que habían sofocado la rebelión. Esta interpretación se ajusta más a las tradiciones recogidas en Mc 13. Especialmente Daniel 7 describía el reinado del Hijo del Hombre que desbarataría el dominio de los sacrílegos poderes universales. Será la venida del Hijo del hombre, y no los desesperados intentos de los rebeldes, lo que acabe con la opresión.

El comienzo del Reinado de Dios

Después de mencionar las catástrofes y conflictos, Jesús invita a ver signos más seguros de la llegada del Reino. En una VISIÓN profética, a Jeremías se le mostraba lo que Dios estaba por realizar en la historia:

«¿Qué ves, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una rama de almendro». Entonces el Señor me dijo: «Has visto bien, porque yo vigilo sobre mi palabra para realizarla» (Jer 1,11-12).

Al almendro en hebreo se lo llama literalmente VIGILANTE, porque es el primero en florecer, y así es el primer árbol en anunciar que llega la primavera.

Jesús ofrece el ejemplo de la higuera en el contexto de un discurso sobre la venida del Reino de Dios. El almendro da una alerta temprana, pero no infalible, pues avisa el primer calor, que, a veces, es seguido por una helada tardía. La higuera es más segura. Produce los brotes sólo cuando el calor se ha instalado y el verano se aproxima.

«Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta… En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre» (Mc 13,28-32)

Jesús invita a ver que en la generación presente el Reino de Dios comienza a realizarse. Ya hay brotes: por eso no hay que desesperar de los frutos.

Por su parte Marcos evoca la parábola de los servidores que deben permanecer fieles en el trabajo encomendado, porque su señor puede llegar en cualquier momento (cf. Mt 24,43-44). Al portero, en cambio, se le pide permanecer despierto (Mc 13,34). Se estaría evocando implícitamente otra parábola; la del ladrón que llega por sorpresa:

«Si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada» (Mt 24,43-44).

Estar siempre acompañados de Jesús

Pablo usaba la misma imagen del ladrón en la noche:

«Ustedes mismos saben perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «PAZ y SEGURIDAD», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina» (1 Tes 5,2-3).

La PAZ y SEGURIDAD habían asumido entre los romanos el estado de divinidades, y como tales se les rendía culto en los altares. Pablo desacralizaba así la autocomplacencia humana, afirmando que la tranquilidad sobre la que descansa cualquier ORDEN MUNDIAL (viejo o nuevo) sucumbirá ante un poder mayor.

Quedaría evidenciada la diferencia entre un Imperio humano (conquistador e injusto) y el Reinado divino (pacífico y justo).

Pero Jesús llama a mantenerse despiertos a los discípulos, porque los eligió precisamente para que «para que estuvieran con él» (Mc 3,14).

Cuando sus discípulos no fueron capaces de mantenerse despiertos en el huerto antes de la Pasión, Jesús les había dicho:

«Ahora pueden dormir y descansar… Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores» (Mc 14,41).

Pero después de su resurrección, ellos tienen motivo para despertarse y mantenerse atentos. Quienes se mostraron débiles para acompañar a Jesús en sus sufrimientos son invitados a estar despiertos para acompañarlo definitivamente en su gloria